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La Mar Grande, el secreto de la playa escondida tras el desierto.

Una playa familiar que atrae a los amantes de la pesca y del KiteSurf, donde la naturaleza agreste genera postales únicas.

A sólo 15 km de Las Grutas, San Antonio Oeste también tiene mucho para ofrecer. Y “La Mar Grande” es uno de sus balnearios más lindos. Es que combina buenos piques, un paisaje agreste y, por ser de baja pendiente, sus playas son ideales para que los chicos correteen sin riesgo, porque el agua, salvo que uno se aleje mucho de la orilla, nunca registra mucha profundidad frente a la costa.


Este dato no es menor. El clima familiar reina en este lugar, en el que los papás de nenes chiquitos, a diferencia de cualquier otro punto, se muestran inusualmente distendidos. Tal vez porque confirmaron que el mar aquí no es motivo de alerta constante. Descubrieron que, incluso cuando se registra la pleamar y el agua alcanza su altura máxima, hay que internarse mucho para que las olas superen las rodillas.

Llegar a La Mar Grande durante la bajamar puede resultar decepcionante para el visitante poco conocedor de la zona. Porque en este balneario se siente notablemente el variante comportamiento del océano, lo que da lugar a otra particularidad: la temperatura del agua.

Al descender, el mar se retira unos mil metros. Hay que caminar ese trecho para darse un chapuzón, pues el agua aparece en el horizonte en una misma línea con el cielo.

Queda una playa enorme, como un desierto, donde reina el silencio y a poco de andar se puede encontrar total privacidad.

Al momento de subir la marea, seis horas después, se experimenta la increíble sensación del agua tibia. Aquí se siente verdaderamente el fenómeno que caracteriza a las playas de esta región. La razón es que, al quedar descubiertas grandes extensiones de playa, el sol calienta la superficie y esa calidez se transmite al oleaje.

Aunque no hay servicios de guardavidas, la profundidad es escasa por el suave declive de la costa. Se puede ingresar cientos de metros y el agua no pasa de la rodilla.

Otra propiedad de La Mar Grande es la facilidad para el acceso y la partida, pues no hay acantilado y en consecuencia tampoco escalera. En esta parte el margen marino está acompañado por médanos de baja altura.

Su paisaje mágico es otro punto a favor. Es una costa agreste, y en ella puede verse a una gran cantidad de avifauna. Los flamencos, por ejemplo, se roban todas las miradas, con su elegancia y el colorido de sus plumajes. Ese rosado intenso que contrasta con el azul del agua llena de postales inolvidables las cámaras de los que la visitan por primera vez.

Por último, los que adoran la pesca también tienen aquí un punto clave. Es que en esta época se multiplican los buenos piques de lenguados, chuchos y rayas.

Se dice que desde acá se ven los ¡Mejores atardeceres del Golfo San Matías!

Para llegar, hay que dirigirse al cruce de las rutas N°3 y N°251, en cuyas inmediaciones se inicia un camino ubicado sobre la ruta N°2 que conduce a la firma Álcalis de la Patagonia (ALPAT), que posee cartelería para orientarse. De hecho, el edificio de esa planta productora de carbonato de sodio es visible desde cualquier punto de la playa.

Lo recomendable es concurrir con todo lo necesario para pasar una jornada agradable.

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